La tierna belleza cotidiana.
Cuando comencé este camino de mesa no iba destinado a alguien en particular, pensaba hacerlo para mi hogar, pero los preciosos ojos verdes cautivadores de mi madre se cruzaron y su mirada me dijo que deseaba el camino de mesa, así que callé y cuando lo finalicé se lo regalé.
A ella le encantó y mucho más a la madre de mi marido cuando lo vió, al poco tiempo le hice uno exactamente igual. Cuando lo terminé deseé cambiar de labor y hacer algo diferente, así que hoy este camino de mesa no luce en mi hogar, pero me hace feliz verlo cada vez que visito la casa de los padres de mi marido y la de mis padres, es como si un pedacito de mí estuviera siempre con ellos.
Hace unos días regresé de las vacaciones, con nuevas energías y ganas de aprovechar el verano. Esta estación estival se hace cada día más patente y llega cargadita de calor, por lo menos en mi tierra. Es tiempo de relax, de baños en la piscina y de disfrutar a tope de la familia.
Etiquetas: Pintura en tela.